jueves, 17 de febrero de 2011

Un partido, una final.

Dicen que es un camino de largo recorrido. Que no hay nada perdido hasta que el árbitro pita el final del partido. Que sólo se pierde la lucha que se abandona. Hoy siento que me han remontado un partido que creía bien encarrilado. Mi defensa ha fallado y ahora estoy obligada a hacer cambios para ganar un partido en el que juego en inferioridad de condiciones. No me voy a rendir, quizás mis delanteros no opten nunca al Balón de Oro, pero luchan por cada pelota y se entregan en cada balón dividido. Mis jugadores, mis armas, no comenten faltas a deshora, ni saben entrar a la altura de la rodilla, no dejaré que mi juego caiga en eso… pero el rival es duro, cuentan con el Pichichi y con la posesión del balón… El árbitro, hasta el momento, no ha condicionado el juego pero tengo la sensación de que se me escapan los tres puntos que me van a hacer perder el campeonato…

… Últimos minutos del partido, penalti a favor… No sé si quiero mirar. Sólo espero que no se vaya alto, como de costumbre…

lunes, 31 de enero de 2011

Pidiendo la hora

Parado. No había forma de dar cuerda a este viejo reloj. Por mucho que arreglara con minuciosa precisión los engranajes que le daban vida, apenas un par de latidos después, –tic tac, tic tac– volvió a pararse. No era un reloj valioso por su belleza, era uno más de los muchos que se encuentran en cualquier escaparate de una pequeña joyería de barrio, pero era mi reloj. Cansada de sus parones y de llegar tarde a todos las citas, decidí renovarlo. Cambié su antigua correa gastada por una nueva de piel, mucho más suave y brillante. Di brillo a su esfera y volví a engrasar cada una de sus minúsculas piezas. Después, una vez finalizada la tarea, puse mi reluciente reloj en hora con la esperanza de que esta vez sí funcionara y marcara cada segundo, cada minuto y cada hora que hiciera acercarme al momento justo, preciso –y precioso– en que se iban a cumplir todos aquellos sueños que nunca se hacían realidad. La maquinaria crujía en su interior y yo creí –inocente de mí – que había conseguido darle vida, pero nada más lejos de la realidad… algo siempre acaba funcionando mal y cuando quise darme cuenta, las agujas de mi reloj caminaban marcha atrás, deshaciendo el camino de todas las ilusiones. Qué le voy a hacer, mi vida siempre ha sido esperar…

domingo, 23 de enero de 2011

Soñar no es suficiente


Como una taza de café caliente el día más gélido del invierno. Como la brisa que mueve la cortina la noche más calurosa de julio. Como la décima que separa el aprobado de un largo septiembre. Como un gol de penalti injusto en el último minuto del derbi. Como un sueño. No, mejor que un sueño. Sonreír por cada palabra que me dedicas, eso es lo mejor.

lunes, 17 de enero de 2011

Carrera continua


Todo pasa y nada cambia. Mantengo la sensación de las eternas aspiraciones, esas que nunca se cumplen. Que avanzan los pasos y se alejan las metas. Corro y corro para reducir las distancias y solo consigo agotarme. Pulsaciones disparadas y una sombra que se aleja –la tuya–. ¿Volvemos a poner el contador a cero?

jueves, 30 de diciembre de 2010

Balance



Se acaba el año y –aunque no entiendo muy bien porqué– parece que toca hacer balance. No me veo capaz de puntuar a estos doce meses y hacer una valoración justa. Me llevo en la mochila sensaciones amargas y dulces pero, por desgracia, el sabor amargo perdura más tiempo en el paladar y en la memoria…

Quiero que lo bueno vivido este año me acompañe en el 2011 que está a punto de llegar, pero no quiero olvidar los tachones que han marcado mi calendario en este año que hoy se despide. Necesito tener presente los tropiezos para no volver a caer en el camino.

Nunca he creído en las interminables listas de propósitos que muchos se empeñan en confeccionar a sabiendas de que el día 15 de enero se habrán olvidado… Prefiero saltar obstáculos a medida que avanzo y no imponerme yo misma las trabas.

Sin pena, sin mirar atrás digo adiós a un 2010 que me ha hecho crecer y abro todas las puertas para recibir lo que me quieran aportar estos próximos doce meses. Espero que con ellos lleguen las dos cucharaditas de azúcar que me faltan para ponerle la guinda a mi pastel…


¡FELIZ –y dulce– 2011!

domingo, 19 de diciembre de 2010

No al cierre de webs





Si se aprueba la Ley Sinde,
Internet será una tele más, al servicio del poder.
Por la libertad de expresión
en la Red,
No a la censura. No a la Ley Sinde.
No al cierre de webs.


miércoles, 8 de diciembre de 2010

Compendio de motos y olores




Sigo sin conseguir bajar de la moto y en cada suspiro de aire te huelo a ti, mi Joe Bradley particular.