jueves, 19 de abril de 2012

La lluvia tiene que calar


Hay momentos en que, aunque llovizne levemente, sacamos  el paraguas para protegernos de esa humedad. Bajamos la cabeza y andamos ligeramente para resguardarnos de esa nube pasajera que poco ha de durar. Sin embargo, la lluvia de verdad es esa tormenta acompañada de vientos huracanados que no para de hacer volar los pensamientos, empujándonos hacia delante con su fuerza, evitándonos parar. Es el aguacero que, por inesperado, te hace sonreír. Ese chaparrón que llena el embalse del alma y te obliga a cerrar el paraguas que te protege para dejar que la lluvia te cale hasta los huesos.

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